En un mundo en constante transformación, las organizaciones deben ser sensibles a su entorno y adelantarse a los cambios, si quieren sobrevivir.
23 de febrero 2012

La era del caos

Para nadie resulta una novedad el que este año que inicia sea pronosticado como difícil. Tanto en el mundo como en nuestro país (que con la globalización resultan estrechamente conectados e interdependientes), se avizoran problemas prácticamente en todos los ámbitos: económico, político, social y ambiental.

Pareciera que el que hayamos llegado finalmente a la aldea global ha incrementado el poder del efecto mariposa, y el aleteo de sus alas en cualquier parte del planeta genera tempestades en otras, si no es que en todo él. Por consiguiente, la capacidad predictiva, el saber con precisión lo que depara el futuro, es algo con lo que no cuentan ni las más modernas y digitalizadas esferas de cristal.

Kotler y Caslione ya nos habían advertido, desde que la economía se desbocó y sembró el pánico en los mercados internacionales a fines de 2008, que tendremos que hacernos a la idea de que el entorno en general, y concretamente el entorno de los negocios, se han vuelto caóticos, lo que quiere decir que las certezas se han ido para siempre y han cedido su lugar a niveles elevados de incertidumbre.

Entonces, la mala noticia es que si teníamos la esperanza de que las cosas “volvieran a la normalidad”, es decir, a esas épocas en las que se podía planear con relativa facilidad y con una alta probabilidad de que todo saliera conforme a lo planeado, eso no va a suceder. Por el contrario, todo pareciera indicar que se harán cada vez más complejas e impredecibles.

Sin embargo, como suele suceder, las malas noticias van acompañadas de otras buenas. En este caso, la buena es que un entorno como el que vivimos nos demanda ser creativos e innovadores para ser exitosos. Entonces, si la creatividad no se nos daba por la flojera de pensar (o de pensar diferente por lo menos), o por la comodidad que brinda lo conocido, o por el miedo a lo desconocido, ahora se tendrá que desarrollar, porque de lo contrario nos veremos en serios aprietos. Hay que repetirlo una vez más: los nuevos problemas demandan nuevas soluciones.

Ante la llegada de la era del caos (lo que, aunque suene a título de novela fantástica, es tremendamente real), solo hay dos alternativas: replegarse con miedo o actuar con arrojo.

Nuevas oportunidades

La prioridad de todo sistema vivo (vegetal, animal o humano) es sobrevivir. Por eso, en el mundo animal, por poner un ejemplo, ante la inminencia del peligro, quien se siente amenazado tiene dos posibles respuestas instintivas: la huida o la lucha. Hay especies que optan por la primera, lo que las hace vivir subordinadas a otras, que constantemente las persiguen. Otras especies responden a las que las amenazan haciéndoles frente, lo que las coloca en un plano de igualdad.

Ante el caos, los seres humanos, y las organizaciones que formamos, tenemos las mismas opciones, y también hay quienes preferimos una u otra. La diferencia es que los que eligen la lucha tienen más probabilidades de librarla bien. En este sentido, luchar significa “sujetar al toro por los cuernos” y tomar decisiones audaces.

La verdad es que la mayoría prefiere huir. En el mundo organizacional, esto se traduce en sacar la podadora, recortar costos y gastos, despedir gente, desinvertir y esperar pasivamente a que los tiempos cambien. Paradójicamente, lo que proponen Kotler y Caslione para enfrentar el caos es exactamente lo contrario, lo que seguramente escandalizará a no pocos empresarios y directivos tradicionales.

Afirman estos autores en su libro “Caótica” (Norma) que algunos de los mayores errores que se pueden cometer en un entorno turbulento son despedir gente talentosa, cambiar de una estrategia orientada al crecimiento a una enfocada a reducir costos, recortar en tecnología, detener el desarrollo de productos, dar marcha atrás en la globalización y reemplazar la innovación como estrategia clave. Sobra decir que la mayoría de las empresas incurren en estos errores.

La tentación del repliegue es fuerte, pero ciertamente debilita a quien lo termina haciendo, tanto en el aspecto físico como mental (tomar la decisión de sacar las tijeras y podar aquí y allá no requiere de una inteligencia superior). Es lo que se suele llamar “cambio tipo E (Economic Value), que básicamente está encaminado a tranquilizar a los inversionistas.

Lo que se requiere es pensar en función del “cambio tipo O” (Organization Capabilities), que consiste en aprovechar, potencializar y desarrollar las capacidades básicas de la organización, y eso implica necesariamente ser creativos y buscar constantemente nuevas formas de ser y de hacer las cosas, con el riesgo que conlleva, pero también, sin duda, con la oportunidad que representa. En eso consiste enfrentar al caos, y no solamente huir de él y esperar, inútilmente, a que los tiempos cambien. y potencializar las capacidadesalizar las capacidades bso sucedeermina haciendotos, sortar costos y gastos, despedir gente, par

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