En este año crucial para los mexicanos, en el que se tomarán decisiones que definirán el rumbo que seguiremos a futuro, es importante que nos ubiquemos en el contexto global en el que tienen que competir tanto el país como las organizaciones que operan en él.
A veces nos olvidamos de que no estamos solos, de que en el mundo las naciones se han vuelto cada vez más interdependientes, y de que hay algunas cosas que se deben hacer y otras que se deben evitar, si se quiere progresar.
Por esta razón resulta especialmente interesante conocer la tipología elaborada por el Instituto de Cambio Cultural de la Escuela Fletcher de la Universidad de Tufts. De hecho, resulta interesante por dos razones: una, porque presenta los valores culturales que muestran la propensión al progreso de una sociedad; otra, porque en ella se basa el Centro de Investigación para el Desarrollo, A.C. (CIDAC) para llevar a cabo la Encuesta de Valores México.
En cuanto a los valores, una cultura orientada hacia el progreso es, en primer lugar (entorno ético y legal) aquella en la que se respetan las reglas (es decir, se muestra una buena conducta social), se exigen cuentas a las autoridades y se cumple la ley.
En segundo lugar (entorno social), es en la que hay equidad y no discrecionalidad a favor de los poderosos, e igualdad de responsabilidades (relaciones ganar-ganar y no juegos de suma cero),
En tercer lugar (entorno laboral y económico), la orientación al progreso se evidencia en el reconocimiento del mérito por encima del favoritismo o de criterios subjetivos; en la competencia leal para obtener un mejor empleo o posición; en el hábito del ahorro; en la disposición a tomar riesgos, y en el espíritu emprendedor.
En cuarto lugar, en aspectos diversos, como lo son la igualdad de género, el control de la natalidad, la separación de la Iglesia y el Estado, la solidaridad que nace del sentido de identidad, y la preocupación por el futuro.
A partir de estas dimensiones se elaboró la encuesta y se aplicó a una muestra representativa de la población de nuestro país; los resultados más recientes se publicaron el año pasado.
País de contrastes
Independientemente de que es importante echarle un ojo al reporte completo, hay algunos resultados que vale la pena destacar, sobre todo de cara al reto que tienen enfrente nuestras organizaciones para desarrollar una clase mundial.
Antes que nada, se reafirma lo que no debe ser ya noticia para nosotros: no hay un México, sino varios. Nuestra manera de percibir la realidad y de actuar ante ella puede variar mucho, dependiendo de la edad, del género, del nivel socioeconómico, del grado de educación y hasta de la región geográfica.
En términos generales, se puede decir que en un extremo está el México tradicional, que ve las cosas como si el contexto fuera el mismo que hace décadas o incluso centurias, y en el otro el México que quiere cambiar y modernizarse para estar a la altura de los tiempos.
Lo interesante es que, al menos por lo que la gente manifiesta en sus respuestas, pareciera que poco a poco, el México moderno, o con aspiraciones de modernidad, va abarcando a una mayor cantidad de gente. Lo preocupante es que, también en opinión de los respondientes, pareciera que muchas leyes, instituciones y autoridades no avanzan en ese sentido, lo que las vuelve obsoletas y hasta retrógradas.
Anima el ver que el 64% de las personas considera que es más importante el futuro que el pasado, y que, aún cuando al 43% todavía le angustia tomar riesgos, a uno de cada tres (32%) le emociona hacerlo. Incluso un 46% dice preferir la emoción de un negocio propio a la tranquilidad de un empleo (que es preferida por un 35%).
También hay una visión mucho más moderna ya del rol de la mujer: el 80% de las personas considera que la mujer tiene la misma posibilidad que el hombre para salir adelante en la vida, si bien preocupa que todavía un 18% cree que el hombre es superior a la mujer.
Respecto al trabajo, un 69% no lo ve como medio de realización, sino de supervivencia (lo que concuerda con el 53% que expresa que su ingreso apenas le alcanza para vivir).
Las diferentes propuestas políticas que se harán este año de cara a las elecciones, no deberían pasar por alto que el México de hoy ya no es el que era antes, y que poco a poco, menos rápidamente de lo deseable pero de manera irreversible, los ciudadanos tenemos una mayor conciencia de lo que queremos ser y de cómo queremos ser tratados. Ojalá estas propuestas estén a la altura del país que emerge.



