Un perfil diferente

Quizás uno de los cambios más importantes que se están dando hoy en día en muchas organizaciones, tenga que ver con el perfil de la gente que se busca atraer y/o desarrollar en ellas, para poder enfrentar con éxito los desafíos de un entorno de negocios que ya no tiene mucho que ver con el de antes.

Este perfil es muy diferente del que prevaleció desde el nacimiento de la organización moderna como resultado de la Revolución Industrial, e incluso del que aún encontramos en una gran cantidad de empresas que no se han dado cuenta de que las cosas ya no son iguales ahora a como fueron en el pasado.

Cuando a las organizaciones el entorno les exige flexibilidad y adaptabilidad -léase disposición al cambio y capacidad para llevarlo a cabo- resulta evidente que sus colaboradores tienen que mostrar un conjunto de características, o competencias, si se les quiere llamar así, que por lo menos en una cultura como la nuestra no son fáciles de encontrar.

Esto les plantea un reto enorme: ¿cómo llevar a la gente a desarrollar el perfil requerido? Sobre todo cuando algunas de estas características no han sido precisamente las que nos han enseñado, o incluso se nos han reprimido.

Conviene hacer un repaso de lo que actualmente necesitan en sus colaboradores las organizaciones que están conscientes de que vivimos en un nuevo siglo-milenio, en el que tanto la cultura laboral como las otras grandes variables: estructura, procesos, tecnología, se encuentran en una constante y profunda transformación.

Sin duda, lo primero que deben de tener los integrantes de las empresas es apertura al cambio, es decir, el convencimiento de que los nuevos tiempos y los nuevos problemas, requieren de acciones y soluciones nuevas.

Esto está estrechamente ligado al concepto de aprendizaje, ya que éste se tiene que entender no como un montón de información que debe ser asimilada (o peor aún, memorizada), sino como la constante disposición a hacer cosas diferentes, o de manera diferente. Entonces, si queremos organizaciones flexibles, debemos desarrollar en ellas gente flexible.

Cambiar lo necesario

La flexibilidad es la capacidad de cambiar lo que sea necesario, a la velocidad a la que esto debe suceder; para ello, hay que estar convencidos de que ese cambio se tiene que dar. Por demás está decir que en muchas organizaciones, las personas, lejos de tener este convencimiento, están muy aferradas al status quo existente y buscan su permanencia, más que la forma de impulsar los cambios que habría que hacer para adecuar a la organización a las nuevas condiciones de su entorno.

Como consecuencia, los colaboradores ni están acostumbrados a trabajar en situaciones de incertidumbre, ni están dispuestos a asumir los riesgos inherentes a tomar decisiones en estas circunstancias. Se muestran entonces cautelosos, incluso temerosos, y por lo tanto, les cuesta trabajo ser proactivos, tomar la iniciativa, salirse de la caja, experimentar y buscar caminos y soluciones diferentes a los convencionales.

Sin embargo, y ahí está el problema, eso, la iniciativa, la proactividad, la creatividad, es precisamente lo que ahora necesitan con urgencia las organizaciones, porque de otra manera no podrán desarrollar su capacidad adaptativa y de respuesta rápida a un entorno complejo.

En esta misma línea, también forma parte del nuevo perfil del colaborador el que éste asuma plenamente su responsabilidad, sin depender de premios o castigos para hacer las cosas o para hacerlas bien.

La dependencia es uno de los grandes males que se gestaron en las organizaciones tradicionales. Como el principio de autoridad se interpretó desde sus inicios en el sentido de que el jefe tiene siempre la razón, solo él sabe y nada más él decide, los subordinados (no podía haberse elegido mejor palabra para ilustrar esta situación) se limitaron a callar y obedecer. Ahora se les pide su compromiso y su orientación a resultados.

Por si esto fuera poco, actualmente se busca también gente que esté dispuesta a colaborar y que aprenda a trabajar en equipo para la consecución de objetivos comunes. La organización basada en “llaneros solitarios” está dando paso cada vez más a la organización sistémica, en la que se trabaja por procesos, por proyectos, y esto implica abandonar el individualismo.

Pero trabajar en equipo no es solo una cuestión de actitud, sino que demanda del desarrollo de varias competencias; comunicación, manejo de conflictos, solución de problemas y toma de decisiones, serían solo algunas de ellas.

El nuevo colaborador de la nueva empresa del nuevo entorno de negocios, no se parece al antiguo colaborador de la organización tradicional. Dar este paso demanda forzosamente de una buena estrategia de cambio individual y organizacional. Algunas empresas ya lo están dando, pero muchas, por desgracia, todavía no.

 

 

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